La autoorganización es un proceso en el que la organización interna de un sistema, generalmente abierto, aumenta de complejidad sin ser guiado por ningún agente externo. Normalmente, los sistemas autoorganizados exhiben propiedades emergentes.
La autoorganización es una propiedad característica de los sistemas complejos, ya sean éstos matemáticos, físicos, químicos, biológicos, sociales o económicos. Por ello es un objeto de estudio interdisciplinar.

Una metáfora de la auto-organización es la del trabajo de las hormigas.
Las hormigas mantienen una amplia auto-organización si se las observa trabajar en conjunto. Esas complejas y sofisticadas sociedades no tienen lideres, ni jefes. El comportamiento que resulta de un grupo de insectos sociales, por medio de la auto-organización, se conoce como “Inteligencia de Enjambres”, “Swarm Intelligence”, “Inteligencia Colectiva”.
“Las hormigas no son inteligentes - dice Deborah M. Gordon, bióloga de la Universidad Stanford, pero las colonias sí lo son.” Una colonia puede resolver problemas inasequibles para una hormiga individual, como hallar el camino más corto a la mejor fuente de alimentos, asignar obreras a diferentes tareas o defender el territorio. Como individuos, puede que las hormigas sean tontas, pero como colonia responden con rapidez y eficacia a su entorno. Y lo hacen con algo denominado inteligencia de enjambre.
Ellas tienen un agudo sentido de la organización, aunque, sorprendentemente, ningún ejemplar tiene una visión global del sistema. Ellas no tienen guardas urbanos ni ingenieros de urbanismo, ningún plan previo o jefatura que coordine sus actividades. Su auto-organización como colonia brota desde el individuo.
Esta forma de trabajar es muy distinta a nuestro sistema organizativo, el cual se basa en la premisa que es indispensable y necesario para funcionar en sociedad tanto un control jerárquico, un liderazgo. Es posible que cuando las sociedades humanas hayan superado los 10 millones de años, el comportamiento social sea diferente al actual.
La auto-organización implica que el comportamiento del grupo emerge desde las interacciones colectivas de todos los individuos y no de un jefe, rey o un individuo elegido democráticamente.
En general las ciencias complejas, y en particular la inteligencia de enjambres han determinado que si un individuo sigue reglas simples, el comportamiento resultante del grupo puede ser sorprendentemente complejo y altamente efectivo.
A la larga la flexibilidad y la robustez son resultado de la auto organización.
Llevando estos aspectos a las organizaciones humanas se puede sostener que si las personas (como las hormigas) se sienten motivadas por un proyecto colectivo, pero pueden prescindir del peso de aquellos que mandan en función de algo ideado en las alturas, se sentirán más cómodas y más libres y, por tanto, serán más eficaces.
Fuente: Carpeta Digital